Re-Conociendo una realidad distinta, el Mercado de la Merced

El día de ayer, realizamos un divertido recorrido al Mercado de la Merced, ese centro de distribución a minoristas, que dicen es el más grande de América Latina. La experiencia, siempre me resulta satisfactoria…bueno a excepción de unos años atrás cuando me bolsearon y me hurtaron mi black moradita…desde esa vez aprendí a asistir sin celular.

El punto de salida…el patio de la casa donde actualmente habito. Y comienza la aventura…caminar al metro Tacubaya y de ahí hasta el metro Merced. Al llegar a dicha estación ya comienzan a dibujarse personajes, olores, ruidos, voces…llegamos al centro de lo popular de esta ciudad.

Caminamos entre cientos de puestos que se encuentran fuera de la denominada nave principal, la cual, descubrí en ese instante de la visita, se encuentra cerrada en su mayor parte ya que desde el último incendio ubicaron a los locatarios en las calles circundantes al mercado. Este hecho cambió la dinámica con la cual yo llevaba planeado el tour, en lugar de visitar dentro del mercado la parte de las “garnachas” y de jarcería, para continuar caminando por entre las frutas y los vegetales…y lo que resultó fue que caminamos entre puestos callejeros operados por locatarios, y de pronto un puesto de antojitos mexicanos, con unas sillas de colores alegres y harto mexicanos, con una especie de respaldo acolchonado al más puro estilo plástico de colores chillantes, agua de frutas servida en una jarra de plástico, haciendo así las veces del vaso. Ni tardos ni perezosos nos dimos a la tarea de pedir quesadillas de las de $17.oo y algunos otros optaron por huaraches de a $35.oo morlacos.

Los sabores de esas garnachas fueron calificados como “rifados”, primer prueba del tour superada, las expectativas alimenticias fueron cubiertas jajajaja, después de jambarnos los sacro santos alimentos continuamos caminando hacia donde los intereses de los viajantes nos llevaron: caminamos casi hasta llegar al mercado de Sonora para encontrar artículos de peltre, y zapateras de plástico, y porqué no hasta una coqueta bolsilla del diario, que en el camino se cruzó con el presupuesto del viajante.

De ahí caminamos hasta llegar a la Iglesia del barrio, la de la Soledad, dicen los oriundos del Barrio de la Merced que esa es la de toda la vida, de ser eso cierto es un templo que se erigió por allá del siglo XVI, y es muy modesta y pequeña, dejando ver que el antiguo monasterio de las Mercedes en verdad era un lugar nada suntuoso. Dicen que es de lo poco que queda de esa época.

Una vez hecha la parada histórica, continuamos caminando hasta llegar a escasos metros del templo, al denominado mercado de dulces, evidentemente pasamos por el mercado de las flores, ese donde se venden las cadenitas de popotes con flores de plástico para los quinceaños y fiestas de barrio. Es todo un placer ver los colores de los dulces típicos mexicanos que se venden al público transeúnte, el problema es que hay muchas abejas y una de ellas gusto de mi lomo para dejar su aguijón…descubrí que es verdad que duelen los piquetes de las abejas…pero descubrí que no soy alérgica a ellas jajajaja

Una vez que los viajeros compraron su dotación de alimentos ricos en diabetes y colesterol, seguimos caminando para llegar a la zona de san Pablo, lugar donde hay dos intereses importantes, las tiendas de bicicletas y accesorios para las mismas, así como la prostitución, que por ser domingo se veía de poca concurrencia, tanto de ofertantes como de consumidores. Y al ver a estas chicas paradas sobre la acera, recargadas sobre alguna reja, un puesto, un poste, o sencillamente cambiando el peso de su cuerpo de un pie a otro, me puse a pensar que en verdad muy poco se ha evolucionado en temas de desarrollo social en este país, pues recuerdo hace treinta años que acompañaba a mi padre a ver a sus clientes en esta zona de la merced, mi padre fue escobero en sus años mozos, y descargaba dos camiones a la semana en esta zona de la ciudad con los diversos clientes que tenía en ese entonces. Y recuerdo que cuando iba el auto con mi padre en más de una ocasión pregunté sobre qué hacían esas mujeres siempre ahí, no recuerdo si hubo o no respuesta, pero recuerdo que aún hoy día son las mismas siluetas, con historias tan similares sólo con rostros y nombres distintos.

Quizá el cansancio ya era demasiado, casi cinco horas caminando sin detenernos más que para almorzar, que los viajantes decidieron terminar ahí el tour…la guía, ósea yo, me quedé con ganas de ir a conocer el Café Bagdad…acordamos que el próximo recorrido comenzará ahí para terminar en la zona del zócalo de la ciudad…

 

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Acerca de WendyPacheco

Pienso en "blog" alto, reflexiono sobre lo vivido, aunque no sea sobre lo propio, ni vivido por la propia, pero lo vivido sí se apropia! Así que a pensar en "blog" alto dejando fluir los pensamientos que se transforman en líneas, aunque no siempre rectas, paralelas, bien trazadas, la mayoría de las veces líneas llenas de espacios, suspiros, sueños y pocos trazos
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